Los primeros estudios
De la gran diversidad de temas acerca del sexo, el de las parafilias, resulta uno de los que más curiosidad e interés despierta en todas las épocas de la humanidad. Etimológicamente, el término proviene del griego “pará” al lado, desviado y “philéo”, atracción, amante. En los diccionarios antiguos simplemente se dice: sinónimo de perversión sexual, mientras en otros no figura el vocablo.
Las “relaciones sexuales prohibidas” se mencionan en las Epístolas de San Pablo en cuatro oportunidades: Corintios 6:9 y 6:19, Timoteo 1:10 y Hebreos 13:4. Yavé, también nos habla de actos sexuales “infames”, “abominables”, “maldades”, “actos pecaminosos”, “costumbres horribles”. Sin dudas, este no es un problema nuevo para el cual se han propuesto soluciones. Platón afirmaba en “La República” : ¿No tendrás –refiriéndose al papel de jueces u médicos- que establecer en la ciudad, junto a la judicatura, un cuerpo médico de individuos ... que cuiden de los ciudadanos, que tengan bien constituido cuerpo y alma pero, en cuanto a lo demás, dejen morir a aquellos cuya deficiencia radique en su cuerpo o condenen a muerte ellos mismos a los que tengan un alma naturalmente mala e incorregible?”. En el siglo XVIII, bajo el influjo del Iluminismo, el vocablo perversión se redujo al campo médico privativo del sujeto. A fines del siglo XIX, se integró al dominio de la psiquiatría, por obra de Richard Von Krafft-Ebing (1840-1902), psiquiatra alemán ubicado entre los primeros que estudiaron sistemáticamente las variantes pecaminosas del deseo sexual. Este aportó a la investigación de la temática el carácter de materia respetable. Las palabras “perverso” y “perversión” se incorporaron al léxico común y permitieron el análisis de la sexualidad desde ángulos escabrosos, excepcionales, poco frecuentes, acordes con el interés púdico y malsano de quienes, por la vigencia del tabú, veían en ella la semilla de la maldad. El psicoanálisis fue la escuela que estudió más profundamente la psicopatología de las parafilias -perversiones según su lenguaje-. En 1905, Freud clasificaba las "aberraciones sexuales" de acuerdo a las desviaciones del objeto sexual y por las desviaciones del fin sexual. Más tarde, la sexualidad infantil es presentada como caracterizada por una gran cantidad de pulsiones parciales, como ver, oler, mostrar, golpear, morder, etcétera, surgidas de diversas zonas erógenas como la boca, el ano, la piel en general, los genitales. Por un largo proceso, las pulsiones parciales se subordinan a la primacía genital. Pero si el mismo fracasa, las pulsiones parciales compiten con el impulso genital y ocupan su lugar.
En las perversiones, la pulsión parcial dominante se exterioriza libremente. En cambio, en la neurosis queda reprimida y aparece el síntoma. De aquí deriva el conocido aforismo freudiano de que "la neurosis es el negativo de la perversión". Sobre la base de la teoría de la libido formulada por Freud y Karl Abraham, las perversiones se explican como procesos de fijación y regresión a los niveles pregenitales del desarrollo (oral y anal). Nuevos estudios de Freud demostraron que la sexualidad infantil y las pulsiones parciales dominantes no llegaban hasta la adultez sin represión, sobre todo a nivel del Complejo de Edipo. "La diferencia entre perversión y neurosis radica más bien en que el síntoma neurótico es egodistónico (extraño al individuo), mientras el síntoma perverso es sintónico con el Yo, y se acompaña de una descarga de placer en forma de orgasmo genital. La egosintonía de los actos parafílicos es común con la de los actos psicopáticos, psicóticos, los adictos a las drogas y los caracteriales. Pero a diferencia de ellos, el acto parafílico se acompaña siempre de una descarga genital y esto lo destaca clínicamente del resto", afirman Etchegoyen y Arensburg.
En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, se han elaborado diversas definiciones. El DSM III de 1978, afirma que “las parafilias se caracterizan por la excitación como respuesta a objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los estímulos normativos y que, en diversos grados, pueden interferir con la capacidad para una actividad sexual efectiva recíproca”.
Para establecer un diagnóstico diferencial con otras conductas sexuales no patológicas, el DSM IV en 1995, asegura que “las fantasías, comportamientos u objetos son considerados parafílicos sólo si provocan malestar o alteraciones clínicamente significativas, como:
ser obligatorias, producir disfunciones sexuales, requerir la participación de otros individuos en contra de su voluntad y conducir a problemas legales interfierir en las relaciones sociales.”[1]
La liberación de los años sesenta y los adelantos de la sexología han contribuido a enmarcar en este concepto aquellas situaciones más concretas y delimitadas. Últimamente algunos especialistas en la materia plantean la idea de nombrar inadecuaciones sexuales a aquellas parafilias que se dan entre personas adultas, de mutuo acuerdo y que no producen daños graves ni escándalo público. Entre los actos y situaciones que no constituyen anormales figuran la masturbación (la llamada auto estimulación) , la homosexualidad y la gerontofília ( relación con adultos mayores de 60 años, hoy considerada una auténtica discriminación, basada en que la sexualidad desaparece con los años ) La clasificación de las parafilias, incluye dos criterios esenciales que las diferencian|: el primero abarca las alteraciones en la elección del objeto( fetichismo, parcialismo, paidofilia, necrofilia, coprofilia, urofilia o urolagnia, zoofilia) y el segundo se refiere a las alteraciones en el acto sexual (Exhibicionismo: Voyeurismo, Froteurismo, Masoquismo sexual, Sadismo sexual, Transvestismo, Fetichismo trasnvestista, Clismafilia, Escatología telefónica)”.
El análisis de la significación de cada una de las enfermedades, posibilitaría un mayor grado de entendimiento de la clasificación anterior.
Otros datos
El comienzo de las parafilias según los psicoanalistas, se remonta a la infancia y a las primeras etapas de la adolescencia, donde surgen este tipo de conductas, pero se definen recién en los adolescentes y la adultez joven. La duración debe ser mayor de seis meses, pero lo común es que sean recurrentes, se cronifiquen y duren toda la vida, con tendencia a disminuir a lo largo de los años. Suelen existir, además, períodos de mayor expresión, coincidentes con etapas de estrés y también cuando la persona encuentra oportunidades existenciales para practicar sus fantasías y actos.
La repercusión social es variable. Existen casos en que el portador lleva una vida social activa que no permite sospechar trastornos íntimos, como en las patologías del carácter. Pero otros se aíslan en sus fantasías y comportamientos, con graves repercusiones sobre su rendimiento laboral, estudiantil o su vida conyugal o social. La mayoría de los casos, sufre un deterioro progresivo o temporal. Algunos llevan una doble vida: privada y pública. Lo que mas les importa es la reacción de las familias que han creado si llegaran a enterarse de estas anomalías, pero no saben, o no quieren renunciar a ellas. Muchos tratan de imponer a sus mujeres numerosas fantasías o conductas, lo cual conlleva al peligro de vida o lesiones en caso de sadomasoquismo, o delitos en caso de pedofilia. Hay parejas que logran un entendimiento pintoresco y peculiar. Otras, se divorcian con rapidez, se vuelven a casar y buscan la comprensión deseada.
La frecuencia se establece con dificultad, de forma aproximada. La víctimas no suelen averiguar por su patología, si no es por sentimientos de culpa, depresión o vergüenza con intentos de autoeliminación, disfunciones sexuales, trastornos de personalidad, incapacidad de amar o de sentimientos recíprocos, y por indicación judicial. La concepción psicoanalítica de que los parafílicos no sufren, no luchan, pues “la perversión es el reverso de la neurosis” según Freud, ya no es aceptable en todos los casos. No es la norma que los parafílicos no sufran por su trastorno, incluso pueden considerar sus actos o fantasías como inmorales, pero hay quienes no tienen ningún tipo de malestar, mientras no reciban el rechazo de la sociedad y realicen su parafilia en la intimidad.
Curiosfilias
Los griegos de casi dos mil años atrás, llevaban una vida sexual muy variada. Para satisfacerla, tenían una esposa, una concubina, una prostituta o hetaira, una esclava y un efebo. Este último era un niño o joven que estaba a su cuidado, a quien enseñaban cuanto sabían y era frecuente que mantuvieran relaciones (homo)sexuales con él. (paidofilia). Cuando Freud afirmó que existía la sexualidad infantil, sus detractores lo acusaron de que con tamaña suposición, pretendía manchar el segmento más puro de la humanidad. Para los clásicos, la sexualidad comenzaba después de la pubertad, con la capacidad reproductiva instalada. Pero Freud tenía razón. Sólo que la sexualidad infantil no era vivida con adultos sino a través de juegos ingenuos. La necrofilia ya fue descrita en la antigüedad entre los egipcios, y Herodoto recomendaba no entregar los cadáveres de mujeres bellas a los embalsamadores sino varios días después de su muerte, para evitar su profanación sexual. Los fetiches en los pueblos primitivos son objetos o animales venerados por los poderes mágicos que se le atribuyen. De allí la ciencia ha tomado el nombre de esta enfermedad, peculiar como todas, porque los fetiches suelen contener carácter simbólico cuyo significado condiciona la vida de las personas de esa cultura. La atracción sexual, que provoca gran placer, se dirige hacia objetos no animados que generan fantasías, impulsos y comportamientos como la masturbación y el coito. En el pigmalionismo el individuo se siente atraído por las estatuas o monumentos, como Pigmalión, rey mitológico de Chipre, quién se enamoró de una estatua de mujer que él mismo había modelado. Afrodita le dio vida a la figura de mármol y el autor se casó con ella. El parcialismo del pie tiene su origen en que esta parte del cuerpo es una zona erógena generalmente olvidada. Hay personas que sienten hormigueos en ellos durante el momento del orgasmo, y las cosquillas de las plantas de los pies son una forma de tortura china que lleva a la muerte, pues es imposible dejar de reír. En Colombia, es característico el copular con una burra por parte de los jóvenes campesinos. Y en todos los países, cuando hay gallinas muertas en una granja, primero se trata de comprobar si no hay jóvenes que las han penetrado sexualmente, lo que les provoca la explosión vaginal y la muerte. En la ciudad, el animal doméstico más utilizado para practicas zoófilas es el perro, y por parte de las mujeres. Este suele ser entrenado para practicar el lambitus o estimulación lingual de los genitales femeninos. Raramente, se han descrito coitos entre perros y mujeres. La historia de una mujer mordida o lastimada por su can acompañante, o la de un varón cuyo pene fue lastimado o mordido por un perro o perra en un acto zoófilo, ocupa el lugar de las noticias de publicaciones sensacionalistas, si estas trascienden. La situación se facilita cuando se permite que el animal duerma en la misma cama que el amo. La zoofilia es más frecuente cuanto mayor es la convivencia del animal con el ser humano. El tema es de larga tradición. La mitología griega es muy rica en actos zoófilos, de mujeres con toros, cisnes (únicas aves que poseían un pene eréctil, en el mito yacían con Leda) y otros animales. Sabemos que es imposible la fecundación de una mujer por un animal, pero los griegos fueron quienes inventaron las quimeras, productos de la unión de animales y féminas, como los centauros y las sirenas. Los dioses adoptaban la forma animal para poseer a las mortales que deseaban. No sólo no se consideraba una perversión, sino que se ensalzaba como forma excepcional de culto, en una hierogamia sagrada que está en todas las religiones antiguas, como en la India, Irán, Egipto, Turquía, Oceanía, América andina, México. El apareamiento de la mujer del rey con un caballo está descrito en los vedas y está reproducido en el templo de Katmandú. En los Andes era un hombre con una llama o una cigüeña y en la India, con un puma. Egipto fue quien ensalzó más el bestialismo, y las actividades sexuales eran con cabras, corderos, patos, antílopes, perros, cerdos, el toro Apis, el carnero de Ammon, el macho cabrío de Mendes, la vaca Hator. En el Levítico, el Éxodo y Ezequiel, advertía a los judíos para que no estuvieran con animales y se les amenazaba con la muerte. Los castigos cristianos para la zoofilia en la Edad Media eran de años de prisión, mayor pena para mayor dignidad eclesiástica. Hubo procesos por zoofilia castigados con la hoguera, que solo terminaron con la Revolución Francesa.
Momento de dudas
Las anomalías sexuales o “desviaciones”, como popularmente se les llama, no dificultan la ejecución sexual de las personas, sino que contrastan, chocan, o atentan contra las formas usuales socialmente establecidas para lograr el placer.
Sin embargo, la presencia esporádica de elementos no tradicionales en la practica del sexo, no determina que nos apartemos de las reglas. Es por ello que esta actividad se mantiene normal mientras sea gratificante para la persona por la capacidad de enriquecerse y flexibilizarse. Que se incorporen diferentes preferencias al momento íntimo permite el hallasgo de originales formas de expresión y satisfacción, lo cual se traduce en un crecimiento de la pareja. La búsqueda de otras experiencias requiere nuevas motivaciones y a la vez nuevas fantasías en la persona y su cónyugue. A ella pueden integrarse situaciones que componen las diversas variantes, como deseos de sexo alterno al coito vaginal (sexo oral por ejemplo). La mera presencia de estos elementos no se define como perversión o desviación, y su existencia en la vida sexual normal es más bien aconsejable que reprochable. Sólo estamos frente a una anormalidad o acto desviado cuando se observa una rigidez en el deseo, en la expresión y la satisfacción propia del sujeto. Claro, aún cuando se hayan despatologizado buena parte de las conductas que antes se consideraban aberradas, no puede decirse que “todo vale” en este campo, pues siempre existirá la línea divisoria entre lo que va contra la voluntad de otras personas y por lo tanto es inaceptable.
Cada cultura implanta los códigos y leyes para castigar a los que sufren estos trastornos. Cuando los sujetos llegan a un tribunal por delitos comunes o sexuales, casi siempre se posterga su necesidad de atención psicológica porque el momento requiere de una sanción ejemplarizante para ellos y sus congéneres. La necrofilia, el frouterismo, el voyeurismo y el exhibisionismo entre otras, se presentan como delitos menores y en ocaciones como faltas administrativas por la ley. No se castigan aquellas donde prevalece el mutuo acuerdo( fetichismo, urofilia, coprofilia, etc) Pero de ellas la raptofilia, el masoquismo, el sadomasoquismo, la paidofilia y otras que requieran la acción en contra de la voluntad de la víctima se penalizan por las autoridades a nivel mundial. Es necesario tener en cuenta que una remisión a tiempo hacia el centro de salud mental de su territorio puede ayudar a prevenir reincidencias que perjudiquen a otros y a cuidar de la propia sanidad del implicado.

